Cosas raras que guardas para siempre

Este post lo voy a dedicar a todos nosotros, a nuestro más intimo yo.

Porque las cosas que guardamos durante años, a las que nos aferramos sin más sentido que el histórico, hablan de nuestros sueños y de nuestras pesadillas.

Y mientras no las dejemos ir, sólo serán un lastre para impedirnos avanzar.

La vida es una tragicomedia de las buenas. Y ese aferramiento, es mejor verlo desde el lado marciano, es decir, como si un marciano quisiera entender a los terrícolas inspeccionando nuestros cajones, armarios o trasteros. Sobretodo nuestros trasteros. (o la casa de tus sufridos padres, si te has leído el post anterior ;))

Antes de escribir estas letras, he pedido vuestra colaboración para saber que guardabais o habéis visto con vuestros propios ojos que guardaban como oro en paño, vuestros padres, abuelos, amigos. Terrícolas allegados en general.

Así que disfrutad de esta colección de cosas que la gente guarda celosamente, sin saber muy bien por qué en la mayoría de los casos:

Apartado orgánico/gore:

– Pelo de bebé, los primeros dientes del bebé, el ombligo seco del bebé (eso es lo peor!), postizos de tu pelo de cuando tu madre te lo cortó al rás sin consultar, dientes de leche de tu perro…

Apartado papel de reciclaje:

– Apuntes obsoletos de la carrera (con lo chulo que es hacer una hoguera con ellos al terminar!),

-Calendarios muy feos de propaganda de años atrás (eso siempre lo ves en las casas de los pueblos)

-Libros que jamás se volverán abrir

-Papel de regalo arrugado con su correspondiente lazo aplastado,

Apartado textil:

-Sábanas que se heredan de alguien que ha muerto o se ha ido a la residencia y que no te hacen falta, pero que cargas con ellas por no hacer el desprecio.

-Cosas que te hace tu abuela a ganchillo a ti que odias el ganchillo mal entendido.

-La primera camiseta interior que le pusiste a tu niña.

-Todo el arsenal completo de peluches de tu infancia, en casa de tus padres, y el arsenal de tus niños, esos que ahora trabajan por su cuenta y viven lejos, en la tuya. Para no romper la tradición de «tú me guardas mi pasado en tu casa y yo guardo el pasado de mis hijos en la mía».

-Ropa de los 80 que deberías haber incluido en la hoguera de los apuntes.

-La muñeca Rosaura que mide como tu sobrina la mediana, en primera línea del trastero para asustar a los ladrones (al menos ella tiene una función).

Apartado bodas, comuniones y bautizos:

-Recordatorios de comunión de toda los niños de la gente a la que has conocido en tu vida

-Saquitos conteniendo peladillas que no fueron masticadas en su momento y ahora son potencialmente peligrosas. -Recuerdos de mal gusto de bodas a las que nunca asististe.

Apartado cocina:

-Botes de cristal en cantidad suficiente para tener una sucursal de la conservera navarra.

-Envases de plástico de todo tipo, como si no tuvieras ya suficientes tupers.

-Cuarenta trapos de cocina hechos de trozos de sábana vieja.

Apartado decoración del hogar:

-Figuritas de recuerdo vacacional que te trae toda la familia para recordarte lo bien que lo pasan.

-Plantas palo de una sola hoja en espera de un milagro.

-Fotos sin ninguna calidad sin clasificar en una caja.

-Cenicero roto conteniendo su propio trozo durante años.

-Títulos de fin de carrera o diplomas de colegio enmarcados, como si tu casa fuera un despacho.

Sigues la lista tú? Echa un vistazo a tu casa y verás que pronto encuentras algo que pueda completarla!

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Mi casa no es tu trastero.

Pocos cambios hay tan drásticos como cuando se produce ese momento en el que los hijos se van de casa definitivamente para formar otro hogar y tener una vida independiente.

En teoría…Porque se supone que si tus hijos empiezan otro etapa, tú deberías también empezar la tuya. 

Pero mi interés por estos temas me ha llevado a escuchar a los dos «bandos». A hijos y a padres (especialmente a madres, que son las que más directamente sienten la gran trampa de la abnegación).

Y en este tema que nos ocupa, no se habla claro. Las madres no se atreven a decir lo que verdaderamente sienten, porque temen que los hijos se enfaden y le acusen de querer echarlos de alguna manera de sus vidas. 

Así que voy a poner voz a tantas mujeres con las que he hablado, para que os quede claro y actuéis en consecuencia.

Esto va para los hijos:

Tu madre es probablemente la única persona que daría la vida por ti sin pensarlo, así que si te dice que te lleves tus cosas a tu casa, no es por falta de amor. Si algo rebosa en nuestros corazones, es amor.

Si un día te fuiste ilusionado para formar tu propio hogar, significa que aceptaste dejar muchas cosas atrás. Y atrás no significa en la casa en la que viviste tu niñez. Ahora en esa casa viven tus padres. Por tanto tus cosas tienen que estar en tu nueva casa, que es donde vives. Y como querrás empezar bien, con tu nueva casa y tu cerebro en orden, las cosas que no son necesarias para el nuevo camino, sobran. No las dejes por siempre jamás bloqueando la energía en la casa de tus padres.

Así como es vital que te lleves tu lastre del pasado de una casa donde ya no vives, es necesario que no traigas cosas nuevas, como por ejemplo cochecitos del bebé que ya no utilizarás, cajas de electrodomésticos que guardas por si acaso (eso me tiene alucinada especialmente), juguetes que tu hijo ya no quiere, bicicletas que ya no utilizas … tu madre no tiene la culpa de tus decisiones posteriores. Resuelve tus propios asuntos. 

No digas aquello de » que más te da, si tú tienes sitio» Tus padres tienen derecho a tener la casa que haga eco si les da la gana, o de montarse un cuarto de invitados en lo que un día fue tu dormitorio, o un cuarto para sus aficiones, ahora que por fin tienen, en teoría, más tiempo. Ahora es su casa.

Y será la tuya si algún día las circunstancias se tuercen, por supuesto. Pero en ese caso, la vivienda se adaptaría a la nueva situación. No hace falta dejar el cuarto como cuando te fuiste, con los peluches adornando la cama y preguntándose cuando volverás. No tiene sentido.

Así que libera a tu madre de una vez. Cada vez que vayas a verla haz limpieza y vete llevando las cosas a tu casa. Todas esas cosas absurdas, como ropa de tus años juveniles, o los malditos apuntes de la carrera que hace 8 años que acabaste, esas cartas de los campamentos, esos peluches tan tiernos e inservibles que guardas en el armario por docenas…

Y si ves que te crea un problema al tenerlas que ubicar, toma consciencia de que es tu problema y que lo tendrás que solucionar tú. No utilices la baza fácil de cargar de trabajo a los demás. Dona tus excedentes a tu parroquia y te sentirás bien y en paz. 

Y esto va para las madres:

No caigas en la trampa del chantaje emocional. Dile a tus hijos cuanto les quieres. Y hazles saber que no te gusta su actitud de «tu vida ha acabado y la mía empieza». Quizás estés dando señales confusas sobre lo que quieres en la vida que te queda. Tienes que tener claro como quieres vivir esta nueva etapa para poderlo comunicar y que tus hijos no piensen que encima te hacen un favor teniéndote continuamente ocupada con sus asuntos.

Los padres somos como el séptimo de caballería: Estamos siempre cuando la cosa se pone difícil. Pero no tenemos que estar esperando a ver que mandan, sin posibilidad de descanso y sin tener poder de decisión, supeditados a otros planes.

La época de la madre albondiguera se ha acabado. En una familia, se ayudan unos a otros. Así que simplifiquemos nuestras vidas, para que todos salgamos ganando.

Por cierto, feliz día de la madre!

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Teoría de la (buena) evolución. Cómo seguir tu propio patrón de crecimiento.

Nadie nos ha enseñado nunca como envejecer bien. El cerebro siempre tiene la misma edad. Eres la niña/o que fuiste. Sólo tu cuerpo cambia.

Se produce pues una incertidumbre sobre como nos deberíamos comportar a cierta edad. Y casi siempre tendemos a dejar de luchar. No nos esforzamos lo suficiente para ser unas personas cada día más lúcidas y más libres.

Deberíamos haber aprendido de todas nuestras experiencias pasadas, sobretodo para relativizar las cosas y dejar bien sellado que no merece la pena perder el tiempo en cosas que no llevan a ningún lado bueno.

Porque si algo tienes claro al cumplir años es que ya no estás para que te hagan perder tu precioso tiempo.

No se trata de parecer falsamente jóvenes a base de bótox y cirugía. Desengáñate: En todo caso puedes elegir entre parecer una persona mayor o una persona mayor operada.

Lo único que da aspecto de juventud, es la trampa del Photoshop. Pero eso sólo existe en el plano virtual.

Así que, cambiemos el chip y celebremos nuestra interesante madurez.

Estas son las bases de nuestra lucha:

Movimiento: Un cuerpo armonioso no es exclusivo de la juventud. Bien es cierto que cuesta más perder lo sobrante porque el metabolismo normalmente se ralentiza.

Pero eso no hace más que recordarnos que no debemos pararnos y hay que moverse a diario. Somos un 80% de agua. Y ya sabemos que pasa cuando el agua se estanca.

Así que busca tu camino. Anda a paso rápido todo los días, ve a un gimnasio tres veces por semana. Yo siempre recomiendo Pilates. O haz ejercicio en casa. Pero sé constante. Al cabo de poco tiempo notarás los resultados en lo físico y en lo mental.

No vale la excusa de no tengo tiempo o no tengo ganas. Cuanto menos estires el cuerpo, más te dolerá y más toxinas acumularás.

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Adelgaza: Los kilos no aparecen de la noche al día. Nos los ganamos a base de dejarlo pasar y no ocuparnos de ese asunto en el momento. No es cuestión de prohibirse nada. Más bien es de comer de todo, en plato de postre. En un ambiente tranquilo y bonito. Limpio, ordenado y bien presentado.

Pequeñas cantidades masticando despacio. Y mucha agua entre comidas.

Haz ejercicios de visualización, en los que te veas a tu mismo con el aspecto que te gustaría tener, basándote en tu propia plantilla. No se trata de ser otro. Eres la mejor versión de ti mismo. Ni más ni menos.

Porque siempre se puede mejorar. La motivación y el convencimiento de que puedes cambiar, será lo que te lleve a tener un cuerpo más ligero. La fuerza de voluntad sin convencimiento profundo a largo plazo no sirve.

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Sé elegante: Haz un esfuerzo y corrige la postura cada vez que notes que te estás encorbando. Anda poniendo cuidado en tus movimientos. Espalda recta y cabeza alta!

En cuanto a los gestos, me parece llamativo que mucha gente cuando llega a un cierta edad, hace gestos poco atractivos como arrugar la cara para concentrarse, o tiende a tener los labios en tensión. Eso a la larga, te llena de arrugas de las malas y te da un aspecto poco interesante. Ríete más y tendrás arrugas de las bonitas y menos descolgamiento.

Por supuesto, vigila esos ruiditos al comer, esos suspiros sin venir a cuento (no os habéis fijado?) o esos detalles descuidados en tu forma de vestir. La vejez en el mal sentido es un compendio de todos esos detalles.

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Sé curioso: Si hay algo importante para evolucionar bien y llegar a la vejez en modo operativo, es la obligación de aprender algo, y de tener algo que te apasione.

Nada más pobre que no saber que hacer con tu tiempo. Hay que tener proyectos. Algo que has empezado y te acuestas pensando que tienes que acabar. No querrás acabar siendo el abuelo cebolleta que siempre cuenta las mismas trasnochadas y poco interesantes historias pasadas, sin nada bonito y actual que contar.

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Nuevamente creo que lo que falla es que no nos fijamos en los buenos ejemplos. No creemos que podemos evolucionar de forma distinta a lo esperado, y tendemos a copiar el modelo anterior. Y te acabas pareciendo a tu madre, a tu tía, a tu vecina… que es una opción, pero eso es repetir las pautas, y nosotros queremos cambiar un poquito nuestro mundo.

Así que, tengas la edad que tengas, empieza a imaginar que tipo de persona serás cuando seas mayor. Y disfruta del proceso!

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Año nuevo, casa renovada

Últimamente estoy rodeada de gente que, sin duda animada por el efecto “año nuevo” se lanza con pasión a renovar su casa. Con cambios importantes. Con necesidad de dejar atrás una etapa y empezar otra.

Gente que tira tabiques para tener la casa que siempre quiso, con un gran salón en el que reunirse sin problemas.

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Chicas que viven en casa de sus padres porque siguen estudiando duramente, y que quieren cambiar su cuarto, porque de alguna manera quieren sentir que también han crecido y que saben elegir lo que quieren y deshacerse de lo que ya no quieren. Porque si su habitación se conserva como cuando estaba en el instituto, habrá demasiada energía gastada concentrada en forma de peluches y apuntes sin clasificar. Ya no pega tener la habitación desordenada y una madre mosqueada detrás. Hay que madurar. Póntelo fácil.

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Yo misma estoy en el momento de permitir que el “chi” fluya por mi casa, sin ponerle las inútiles cortapisas de la nostalgia. Mis niñas son ya mujeres con su propio lugar en el mundo a unos cuantos metros de mi punto del Google Earth.

Y eso es bueno siempre. Es evolución y crecimiento. Ahora hay dos casas más que convertir en verdaderos hogares únicos, cómodos, bonitos y fáciles de mantener. Y ahí me tienen, encantada de poder ayudarles con mi experiencia y estas manitas.

Ellas porque están empezando y yo porque la vida en esta casa ha cambiado. Ahora somos dos (y el perro). Por lo tanto, es momento de convertir el dormitorio juvenil en cuarto adulto de invitados. No veo el sentido de guardar una habitación tal y como estaba antes de que se fueran. Eso es muy común, porque parece una ofensa para el hijo que se va. En realidad, guardarlo intacto es una ofensa para la que se queda. Pero de eso hablaremos en otro post.

Hoy se trata de animaros a mejorar. Y la buena noticia es que no se trata de gastar dinero. Se puede cambiar mucho con muy poco. Porque aquí somos minimalistas de pensamiento.

Por tanto manos a la obra!

– Una buena táctica para renovar la casa es concentrarse en una habitación concreta cada mes. Coge papel y lápiz y apunta todo lo que hay que cambiar. Lo que hay que eliminar (cuando digo eliminar me refiero a regalar siempre que se pueda.)

– Tener siempre una base clara y lisa en paredes y elementos grandes, como las colchas o los cubresofás, y así podemos poner estampados más coloridos en los elementos más pequeños, como cojines, cajas, cuadros…

– Si tienes los muebles llenos de adornos de pequeño tamaño, no se apreciará nada en concreto, por no hablar del tiempo que perderás limpiando el polvo…Por lo tanto, una vez más, selecciona.

– No caigas en la tentación de llenar tu casa de «detalles». Deja que respire, y que la vista descanse de tanto estímulo visual.

– Si tienes cosas de hace muchos años, tal vez heredadas, no les des más valor del que realmente tienen. Hay cosas que pueden ser una joya, pero la mayoría son cosas viejas que algún familiar te dio. Tú eliges si conservarlo o no. Libérate de esa carga.

Este año es tuyo. Haz que se note al cruzar la puerta!

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Simplificando la navidad

Ya está aquí la navidad. Y el nerviosismo se nota en el ambiente. Supongo que es porque siempre que hacemos algo en comunidad nos dejamos contagiar del sentimiento general. No sólo en Navidad (aunque esta fecha es más larga y hay más posibilidades de momentos comprometidos). En bodas, comuniones y bautizos, la mayoría de la gente se deja llevar por el estrés que les supone como ir vestidos, el regalo que deben hacer para quedar bien, o lo que pensarán o dirán los conocidos o familiares que asistirán.

En el fondo, muchas veces estos momentos navideños que deberían ser simplemente de disfrute y sonrisas, se reducen al maldito «que dirán», a los regalos muchas veces de compromiso y a las comilonas que nos hacen gastar cantidades desproporcionadas de dinero. El pretexto es que así la economía se eleva. Pero pensemos en  cuánta gente se entrampará en estas fechas donde además todo son facilidades para que compremos con los ojos cerrados.

REGALOS

Aunque regalar es una bonita tradición, acertar con el regalo es un reto y requiere esfuerzo. A quién no le han regalado alguna vez un juego de damas o la novela tocho «Ivanhoe» y se le ha quedado cara de póker al recibirlo? A mí sí. Cualquiera que me conozca sabe que me aburre soberanamente todo el tema medieval, y que no juego nunca a juegos de mesa desde que mis niñas crecieron. Con el plus de que saben que jamás guardo algo que no utilice o me guste.

Y recuerda que tus niños quieren jugar, no poseer juguetes. El mejor regalo será tu tiempo. Haz que se impliquen en la preparación de la navidad. 

Creo que es más práctico regalar al «amigo invisible» entre la familia. Así aciertas más y no derrochas tiempo y dinero.

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ADORNAR LA CASA

Si te has pasado al bando de los minimalistas, en un momento adornas tu casa con un ambiente que invite a la celebración y a los buenos momentos. Así que suelta ya el espumillón y deja las luces intermitentes para donde las quieran poner. Las intermitencias en realidad no generan tranquilidad sino todo lo contrario. Y nuevamente no es cuestión de dinero, si no de imaginación y un poquito de habilidad. 

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COMIDAS

No es obligatorio comer lo de siempre. La mayoría de la gente se lía a cocinar para un regimiento, y acaban tan cansados (cansadas diría yo, porque lamentablemente las mujeres siguen siendo las que se cargan el grueso del trabajo) que luego no disfrutan de la celebración con la tranquilidad que se merecen. Así que este año no te dejes llevar por la tradición, sáltate las normas a la torera, y haz algo sencillo y delicioso. Con una buena presentación, y mucho cariño al cocinar, seguro que disfrutaréis todos de la fiesta.

Y la norma para no coger esos 3 kilos de promedio que luego cuesta tanto quitar serían:

No te prohíbas nada. Simplemente mastica despacito y disfruta de los sabores. Simplemente con eso, comerás menos.

Piensa en tu salud. Si te pasas luego lo pagarás. Y no compensa. 

Y si hay niños hazles una comida sorprendente y divertida. 

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Así que una vez quitado el estrés de estas tres cosas, sólo nos queda comprender que la navidad es sólo una ocasión más para juntarnos y disfrutar. De dejar pasar lo malo y vivir todo lo bueno que tenemos. La magia la dejamos para los niños. Nosotros la viviremos con tranquilidad y dispuestos a poner de nuestra parte para que todos disfruten. Se trata de pasarlo bien. 

Felices momentos a todos!

Seguir la moda como minimalistas

Discutíamos el otro día, café de por medio, acerca de si se puede pensar como un minimalista, y ser un/una entusiasta de la moda. Claro que sí! Puedes tener la opción de simplificar tanto el asunto del vestir, que decidas parecerte a cualquier diseñador en el momento de salir a saludar (no os habéis fijado nunca? Son la viva imagen de la simplificación, lo que no deja de ser curioso, porque al estar en ese ambiente, nos esperamos lo contrario)

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Pero si no eres una persona de extremos y aprecias la belleza y la particularidad, puedes disfrutar de la moda con  ojos de  minimalista, siempre y cuando tengas en cuenta estas premisas:

– De la moda de pasarela nos quedamos con dos cosas: Primero y principal, el aspecto artístico de la Moda con mayúsculas. La Alta Costura desaparecerá. Pero debe existir para poder contemplarla. Poco me importa no poder comprarla. Para mí es como una escultura. El contemplar una colección de los grandes nos reconcilia con el buen gusto y el amor por la cosas bien hechas. De eso trata este blog: de buenos ejemplos. Disfrutar de un buen libro de Moda y de un desfile escogido, es una manera de vacunarse contra todas las cosas feas que a diario vemos.

Y en segundo lugar: el aspecto cultural. Nos interesan las tendencias no para seguirlas a pies juntillas, si no como indicativo de hacía donde evolucionamos como sociedad. 

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– No nos interesan los egoblogs, donde alguien alardea de la ropa que compra sin parar, sin profundizar en nada más. No nos gusta hablar de «trapitos». Lo que llevas puesto tiene más importancia de la que creemos.

– Elegimos calidad en lugar de cantidad, y nos lo pensamos antes de comprar. El que algo sea barato no es excusa para comprar más cantidad. La pregunta es: Lo voy a utilizar mucho? Nos encanta repetir modelo. Si estrenas constantemente, no consolidas tu imagen y es, aparte de un despilfarro absurdo, una señal de inseguridad.

– Si encima tenemos la suerte de poder fabricarnos nosotros mismos nuestra ropa, o que nos la hagan con nuestro diseño, será una vía para desarrollar nuestra creatividad, y por tanto, tener una vida significativa y más nuestra.  

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Así que sí, aquí también hablaremos de moda, porque es parte de nuestra vida.

Dedico este post a mis buenas amigas Sylvie y Ana, entusiastas como yo de este tema 😉

La organización como trampa

Revisando el concepto al hablar con la gente o leyendo sobre el tema en internet, se da muchas veces por hecho que si queremos una casa ordenada y habitable, lo que cuenta es la organización.

Pero la organización con exceso de cosas sólo es una ilusión efímera, y una esclavitud, porque nos obliga a estar pendientes de clasificar y limpiar montañas de cosas que en su mayoría permanecerán como momias en sus cajas.

Normalmente, el exceso de cosas hace que la gente «organizada» entre en un círculo que le lleva a un caos sostenido. Cuando ven que ya no les cabe la ropa en el armario, corren a comprar un mueble auxiliar, que al cabo de un tiempo atiborrarán y entonces comprarán un tercer mueble de cajones para seguir almacenando.

Cuando ya no quede un metro cuadrado libre, lo bajarán al trastero y allí quedará en muchos casos para siempre.

Sólo liberarnos del exceso de objetos y del consumo sin sentido, nos llevará a tener una casa organizada y limpia, en el sentido literal y psicológico.

Así que antes de comprar un mueble auxiliar, una caja, o un archivador, pregúntate: ¿Realmente debo dedicarle a estos objetos mi tiempo, mi dinero y mis metros cuadrados?

¿Puedo vivir sin esto? Y si es importante para mi, ¿puedo guardarlo en un mueble que ya tengo?

El verdadero lujo es el espacio. Menos muebles y mejor elegidos siempre serán mejor que rellenar cada hueco con cosas que no aportan nada bueno a nuestras vidas.

La organización no es más que el acaparamiento bien planificado.

Sólo si tenemos menos cosas podremos organizar con sentido.

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Necesitamos tantos productos de limpieza atiborrando el mueble? Hay que etiquetar los espacios de la bandeja?

 

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Documentar no es necesario si tienes menos cosas. El cajón del ejemplo es incómodo para la vida diaria.

 

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Etiquetado innecesario. Acumulación obsesiva de sellos de caucho.

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Y nuevamente, etiquetando lo evidente. El peligro del Dymo!

 

 

Fotos familiares

Hay cierto tipo de desorden en el que mucha gente no repara: el desorden de nuestros recuerdos impresos sobre algún soporte, ya sea papel o el desorden silencioso pero inquietante de las fotos en nuestros ordenadores. (del video y los inútiles vhs antiguos hablaremos más adelante).
Tener las fotos organizadas para verlas en cualquier momento es una tarea a la que hay que dedicarle tiempo. No mucho si lo llevamos al día, pero el problema reside sobre todo por un lado en el exceso de información (en serio son necesarios tantos documentos gráficos de nuestras vidas?) y por otro lado la falta de criterio y de selección, tan importante en todos los aspectos de nuestra vida.
Lejos quedan los tiempos en que te pensabas bien si un disparo merecía la pena o no, porque cada foto hecha te costaba un dinero que había que considerar.

Ahora, para bien y para mal, es gratis, fácil, rápido y todo el mundo tiene posibilidad de guardar lo que sus ojos están viendo.

Como este es un blog con vocación minimalista, y queremos avanzar en ese sentido, nos propondremos a partir de ahora vivir más el momento, y no estar tan pendiente de fotografíar.
Si tienes una ocasión especial, haz si quieres dos o tres fotos, y el resto del tiempo vívelo!
En el caso de que hayas hecho un motón de fotos, la harás a condición de editar tus trabajos enseguida. Lo pasarás a limpio, eliminando las fotos sobrantes: si hay cuatro de la misma escena quédate sólo con la mejor toma. Elimina las fotos en las que alguien ha salido realmente mal, las que no aporten mucho… Es decir conserva con criterio estético o histórico.
La proporción sería quedarse con el 30% del total como mucho.
Y de nuevo, si quieres sentir una auténtica liberación, elimina todas las fotos que no te gustan, que te traen malos recuerdos, y guarda solo las que te apetecerá ver de vez en cuando para sonreír al pensar que cualquier tiempo pasado es simplemente anterior.
El tema de las fotos que tenemos adornando nuestras casas merece consideración aparte. Por qué tener fotos de bodas y comuniones de propios y extraños por decreto ley? No es mejor rodearse de unas cuantas fotos familiares de momentos bonitos y desenfadados en lugar de momentos encorsetados? No tienes obligación de poner ninguna foto que no te apetezca mirar permanentemente. Además, quizás sería refrescante ir cambiando periódicamente las fotos enmarcadas. Pocas y buenas se disfrutan más.

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Creo que una sana costumbre es hacer cada año un álbum con las fotos seleccionadas. Así tenemos siempre a mano un resumen bien organizado.
Si el papel no es lo tuyo, se ordenado con tus carpetas virtuales. Y hazte una colección de fotos super seleccionadas, de esas que salvarías de un incendio, para grabarlas en dvd con su fecha o en un disco duro.
Si tienes miles de fotos sin seleccionar, la mayoría de ellas no las volverás a ver. Y una vez que pasen dos generaciones, tus fotos familiares ya no le importarán a nadie. Entonces para que disparas? Hazte esa pregunta a partir de ahora y simplifica.
Se trata de disfrutar. Nuevamente, menos es más.

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El armario fácil

Si hablamos de organización y, sobretodo de la falta de ella, a todos nos viene una frase que define uno de los agobios más absurdos: No sé que ponerme. ( frase que iría en el mismo grupo de “no sé que hacer hoy para comer”)

Estas frases demuestran una falta de planificación por un lado, pero lo más fastidioso es que nos señalan en que cosas gastamos nuestra energía. De nuevo, si no sabes que ponerte con un armario lleno, la cosa está clara. Tienes demasiado acumulado y lo que tienes ante tus ojos es una especie de masa compacta, y revuelta, en la mayoría de los casos.En este blog hablamos de empezar casi de cero. Así que, qué mejor momento que el cambio de estación. Porque creo que el cambio empieza en nuestro armario. Después seguiremos con el resto. Saca un rato esta misma semana, antes de que empiece el frio. Ponte buena música. Y da el paso hacía una vida más cómoda.

Ve mirando pieza por pieza, con ojos implacables y reflexiona: Me gusta? ,  Lo utilizo con frecuencia? , Lo he utilizado en los últimos seis meses ? Si tu respuesta es no, lo apartas. Y vas colocando lo que no vas a guardar, en una de las cajas que te propongo a continuación:

Caja 1: Para tirar, sin excusas.

Caja 2: Regalar a amigos, asociaciones, ..etc.

Caja 3: Reparar. Sólo si te gusta y lo vas a usar ! No guardes nada roto.

Caja 4: En esta caja pondrás todo lo que no estás seguro/a , si lo quieres guardar, o lo quieres tirar. Una vez llena, precintas la caja, y si en seis meses no has echado nada de menos, la tiras. ( Pon la fecha en la caja, para no olvidarte) Una vez hecho esto, haz un recuento de lo que has dejado.

Y pregúntate, bolígrafo en mano, que es lo que realmente necesitas para completar el vestuario. A lo mejor es hora de deshacerse de ese abrigo que tiene mil años y comprar uno nuevo. Mira si los zapatos que llevaste el pasado año están en buenas condiciones. Pregúntate también como te gustaría vestir a partir de ahora. Este también es el momento de replantearnos por qué vestimos así. Recuerda que es mejor gastar más en una prenda que llevemos a gusto y nos dure, que en 20 baratijas que al primer lavado estará en mal estado. Por no mencionar el sucio asunto de cooperar con las penosas condiciones de trabajo en régimen de esclavitud. Tener menos cosas, tiene que ser señal de ir siempre bien vestidos, porque lo que llevemos será lo que hemos elegido con serenidad y buen criterio.

En una mentalidad minimalista, no cabe la idea, soñada por muchos, de tener un enorme vestidor  repleto de ropa y complementos que al final en un amplio porcentaje, ni siquiera ven la luz.

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Es una opción, pero desde luego no la nuestra. 

Un truco efectivo consiste en tomarte un tiempo para irte probando diferentes combinaciones y hacerte una foto de cada conjunto que te guste. Luego pasas las que más te gusten a papel, en pequeño, y las pones en la parte interna de la puerta del armario. Y así, si no te apetece improvisar, eliges de tu propio menú. Realmente un armario suficiente se basaría en la regla del tres, como yo la llamo: Quita y pon y uno más.

Es decir: 3 pantalones /  3 faldas / 3 jerséis finos / 3 jerséis gordos/ 3 chaquetas finas / 3 camisetas /3 prendas de abrigo/3 vestidos

Y en el caso de los zapatos reducimos más: 2 pares de botas/2 zapatos cómodos tipo manoletina/ 2 zapatos de tacón/ 1deportivas. Deducimos que el armario de un hombre aún puede ser más sencillo. Con eso, bien combinado, sería suficiente. Luego tendríamos la ayuda de los complementos, que serían también convenientemente seleccionados.

Si no quieres ser tan radical, puedes plantearlo así: reduce a la mitad todas las cosas que guardas en el armario, desglosando por grupos. Por ejemplo saca los pantalones. Tienes 8. Pues dejas 4.Y así grupo por grupo. Si no, lo harás a bulto y mal.Es interesante hacer una foto del antes y el después. Te sorprenderá ver la cantidad de cosas que te sobraban!

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Dejar ir

Nada refleja más nuestro estado mental que nuestra casa. Con nuestro aspecto podemos llegar a engañar. Pero entrar en una casa es entrar en un microcosmos particular.
Me gusta ayudar a la gente a convertir sus casas en sitios llenos de energía positiva y fáciles de mantener.
Y eso se consigue con un convencimiento profundo de que no necesitamos más cosas, sino elegir mejor.
Pon ahora el ejemplo de tu casa y hazte la pregunta. Cuando cruzas esa puerta sientes paz? 
O empiezas a pensar en todas las cosas que tienes que hacer para organizar y limpiar?
Entonces a lo mejor sería el momento de liberar cargas.
Y eso, inevitablemente pasa por eliminar sobrantes, y pensarlo bien antes de traer algo nuevo a casa. Si no lo hacemos, no vamos a conseguir resultados realmente liberadores.

Dejunking. 
Es un movimiento casi espiritual en los EEUU, como contrapunto al afán de poseer cosas materiales que desde luego no nos proporcionan en la mayoría de las ocasiones más felicidad,y sin embargo nos aportan cosas negativas como el desorden físico y emocional.
No se trata hacer una «limpieza de primavera». Esto va más allá. El proceso de limpieza en realidad, ayuda a hacer un inventario de tu vida. Te hace ver donde estabas, donde estás y donde quieres estar.
Somos adictos a las cosas porque así nos lo han enseñado de niños y así nos lo sigue recordando el bombardeo constante de anuncios que nos prometen éxito si usamos un determinado desodorante o compramos un determinado coche.
No consiste en no comprar, si no en el poder de elegir libremente. Sin dejarte llevar por ofertas de productos que no utilizarás o porque el vecino lo tiene.
Compramos muchas veces para llenar un vacío. Y como si de una droga se tratara, sólo conseguimos endorfinas momentáneas, para luego pasar al estado anterior. Y con la tarjeta temblando en muchas ocasiones, lo que produce grandes cantidades de culpa y estrés.

Minimalismo es libertad y por tanto cada uno lo vive a su manera.

Hay minimalistas que venden su casa y se van a vivir en una cabaña de madera y otros que viven en casas grandes bien organizadas. Y a todos les mueve el mismo pensamiento: Vivir una vida significativa rechazando todo lo que sea innecesario para conseguirlo. Así de sencillo y así de estimulante. 

Así que, en siguientes posts, iremos habitación por habitación, para que todo sea más sencillo y razonado. 

De momento aquí os dejo unas imágenes de sensaciones bloqueantes de exceso… 

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y otras que son buenos ejemplos de lo que podría ser un hogar minimalista ideal.

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